KUALA LUMPUR – Ben Ja Min trabajaba como funcionario subalterno del gobierno en Myanmar cuando el ejército tomó el poder hace casi cinco años, lo que desencadenó una cadena de acontecimientos que condujeron a su muerte a 2.092 kilómetros de su casa.

Dejó su trabajo en un pequeño pueblo del oeste de China para unirse a protestas a nivel nacional. Cuando la junta tomó medidas enérgicas y la violencia se extendió por todo el país, huyó, primero a la India y luego, en 2023, a Malasia, donde trabajó ilegalmente en la construcción, ganándose la vida modestamente.

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